domingo, 10 de abril de 2011

Una sola voz



 Una sola voz


Acordes de guitarras, beats imparables,  rimas con sabor a cotidianidad;  tardes de sol, risas y baile, noches de lluvia, sudor y música, eso es Altavoz. Un mundo sin igual en donde todos vibran ante un lenguaje de sentimientos, donde todos se vuelven uno.

Apenas dan las 11 de la mañana  las puertas de la Cancha del Cincuentenario, ahora en mejor estado, se abren para dar paso a los miles de aficionados que esperamos con ansias desde tempranas horas a un sinfín de géneros, artistas y sonidos que nos brindarán un goce infinito a lo largo del día.

Una vez cruzas la puerta, te encontras con un espacio amplio, abrasado por un intenso sol que seguramente acompañará el resto de la tarde, para luego, como cada año ya casi que una costumbre; darle paso a una lluvia que parece eterna.  A tu lado, igual de emocionados, pasan jóvenes de edades similares a la tuya, con las mismas pasiones, ideales y sueños, o quizá, muy diferentes, pero todos ese día se unen en una sola voz para entonar aquellas canciones que nos hacen vivir.

Lo primero es ubicarse, te podes sentar en cualquier lado, cada uno de los asistentes se establece con mantas e incluso carpas para esperar a la jornada de júbilo que se aproxima. Mientras pasan las horas se habla, se canta, se come y se ríe. Luego, notas desafinadas empiezan a recorrer el aire con los ensayos de producción y sonido, lo cual te genera un recorrido de sensaciones que van desde tu cabeza hasta la punta de tus dedos. Hasta que llega ese momento.

Todos dejan sus puestos para reunirse en torno a aquel centro mágico; sentís que la sangre te tiembla, te inunda los huesos y quiere salir por cada uno de tus poros, no aguantas más, tu aire se corta y ni siquiera pasa entero por tu nariz, te agitas y tu corazón está a mil hasta que anuncian al primer invitado. 

Los gritos no faltan, la espera por fin ha terminado, y el sol ya un poco más relajado,  al compás de las guitarras, baterías, trompetas, bajos y voces; se balancea al ritmo de todas esas almas que al unísono entonamos diversas melodías que  llegan al alma. 

Ya dormido el sol, la luna llega para acompañarnos con su tierna y tenue luz, y no viene sola; viene con sus amigas las estrellas y con otra compañera más: la lluvia. Ahora el aire se impregna de agradecimientos, de maldiciones, de notas y de canciones. La música sigue inundando tu cabeza, tu cuerpo y tu espíritu como el  de cada uno de los 35.000 asistentes que recurren cada año a este festival. Cada sentimiento se refleja en ese baile original, en ese movimiento de cabeza o en ese tarareo incesante que cada persona vuelve suyo. Hasta que termina el día, dan las 12 medianoche, y luego de una entrega total por ambos bandos, de nuevo las puertas se abren, esta vez; para dar salida a aquellos que entregamos todo y que esperamos tanto, y que por fin, salimos colmados de vida y de alegría, asegurando que esa espera valió la pena y que el día siguiente traerá seguramente experiencias igual de plenas como la recién vivida, porque son tres días de furor musical  que contagian a la juventud medellinense y a todos aquellos colombianos y extranjeros que desean empaparse de talento local, nacional e internacional.

Ahora bien, este año la variedad es amplia en cada una de las categorías y esos tres días que están por llegar de seguro traerán consigo la satisfacción que cada octubre le brinda a los miles asistentes que hemos hecho de este festival un hábito, un compañero, un hermano. Este año, el rock, el punk, el ska, la electrónica, el hip hop y muchos géneros más nos estarán esperando a la orden del día con bandas como I.R.A, Lillith, Burkina, Deserción, Daycore; y un elenco de invitados internacionales de la talla de The Skalities y Robi Draco Rosa que harán todos juntos una versión inolvidable de este festival que nos espera con las puertas y los brazos abiertos sin importar edad, raza, sexo o procedencia; altavoz es una sola voz.  

Realizado por: Laura Cristina Marulanda


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