Medellín en escena
A simple vista la calle 47 parece ser una vía más de Medellín. Un poco angosta y con el pavimento agrietado se extiende con rapidez atravesando pleno centro de la ciudad. A sus costados se elevan numerosas construcciones, los tonos grises o azulados visten los edificios, la gente camina presurosa y el ruido de los autos que no cesan de pasar se torna estrepitoso y singular.
Entre susurros y gritos la 47 más conocida como la Bomboná es refugio de malabaristas, titiriteros, actores y mimos que con su talento día tras día buscan impresionar a los visitantes en su hogar, el Teatro Matacandelas.
Por fuera parece una casa más, con su techo de tejas de barro y sus paredes de tapia gruesa levantadas desde hace más de 50 años, esta edificación se niega a ser demolida.
Una casa de piezas grandes, con una bodega abandonada y un largo callejón lateral en la que antes vivían las hermanas Ramírez es hoy lugar de grandes espectáculos teatrales. A la luz del día se pueden apreciar las anchas puertas verdes que llevan al bar, de éste se observa un corredor que termina en la sala de teatro.
Matacandelas más que un escenario es un grupo de artistas que iniciaron su lucha en 1979. Sin experiencia y pocos recursos cinco jóvenes, motivados por la búsqueda de un mundo distinto, emprendieron este sueño que con el pasar de los años logró tomar forma y ahora tiene el reconocimiento de la ciudad.
En sus 31 años de prolífica vida, este colectivo ha producido 50 montajes y se ha convertido en escuela, taller y laboratorio. Tres de esas puestas han ido a Cuba en su Mayo Teatral, y se han convertido en sucesos: O marinheiro, La chica que quería ser Dios y Fernando González - Velada metafísica. Por esta última obra, Cristóbal Peláez actual director de Matacandelas obtuvo el Tercer Premio Nacional de Dirección a Montaje Teatral. Cristóbal reconoce que “era una deuda que tenía contraída con Fernando, quien ha sido una especie de padre nacional, 'un filósofo aficionado', como le gustaba llamarse”.
En Envigado se encuentra Otraparte, una casa museo que desde 2002 es centro de proyección cultural de la ciudad. Ésta busca difundir y preservar el legado espiritual y filosófico del maestro Fernando González Ochoa, a quien los matacandelas admiran no sólo por lo que plasmó en el papel sino también por su inquietante y enemistada vida, sin duda cualidades que impregnan cada rincón de lo que en un pasado fue su hogar, un recinto de enseñanzas disponible para todos, donde se vive el cine, la historia y el romance.
Y eso que aflora el galanteo de las noches y de sus personajes es el ambiente del lugar, su café con mesas al aire libre decoradas con velas que armonizan el espacio, logran cautivar a los visitantes que se pierden en la profundidad de los cielos estrellados, escuchando declamar poemas o narrar historias por parte de los convidados.
Es así como en Otraparte siguiendo los preceptos de aquel humorista se puede escuchar aún por los corredores el eco de sus pasos y el golpe suave del bastón indagando la noche, sus palabras hondas y autenticas. Una casa que guarda el encanto de épocas pasadas y espera ser visitada por todos los amantes del enigma.
Más que un teatro y un museo, estos dos lugares son Medellín en escena. Como decía el prosista García Lorca “son poesía que se sale del libro para hacerse humana”.
Realizado por: Viviana Andrea Londoño
Realizado por: Viviana Andrea Londoño

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